Bullying: El reflejo de una sociedad moralmente destruida



“Bullying” una sola palabra que encierra una problemática tan grande. Tal vez muchas personas estén algo agotadas de escuchar y discutir sobre este tema, pero el pasado miércoles 28 de Febrero Sebastián Díaz con tan solo 12 años, nos demostró lo que hemos estado haciendo como sociedad, sacó a relucir algo que todos sabemos e ignoramos: El odio y egoísmo solo son algunos de los aspectos que hemos inculcado a los nuestros jóvenes y niños.

Creo que no existe ninguna persona que al escuchar esta noticia no se haya estremecido y me parece imposible de creer que un niño con todo un camino por delante, con miles de sueños y metas por cumplir se arrojará al tren que pasada frente a su colegio, sucumbiendo a los gritos de sus compañeros en los que lo trataban como un cobarde, maricón, poco hombre etc.

Todo el mundo se llena la boca diciendo: “Esos muchachos son unos vándalos” “Deberían meterlos a la cárcel” “Por permitir ese tipo de situaciones es que pasan estas cosas” sin embargo, este acontecimiento es solo el reflejo de lo que los adultos hemos inculcado a las nuevas generaciones y tal vez usted no fuera un acosador en su colegio o Universidad, pero puede que realmente sí lo sea con su familia, pareja, conocidos, compañeros de trabajo o amigos.

Cualquier persona que hostiga, molesta o persigue a otra persona se puede considerar un acosador; es decir, el bullying no solo se refiere a términos escolares sino que transciende a un problema que muchos niños ven desde sus hogares y reflejan en sus colegios.

¿Quiere terminar con esta problemática? Piense en cuáles comportamientos debe cambiar, el cambio comienza por cada uno de nosotros, el cambio inicia en el momento que todos modifiquemos nuestra forma de actuar y dejemos de darle prioridad a las equivocaciones de los demás antes que a la gran cantidad de errores que cometemos a diario.

Puede que los menores que acosaban a Sebastián nunca imaginaran que él fuera capaz de lanzarse al tren de un momento a otro, tal vez nunca creyeron que el peso de sus palabras fueran lo suficientemente pesadas como para terminar con la vida del menor, tal vez nadie se dio cuenta del dolor que experimentaba con cada acción y comentario.

Todas estas deben ser señales de alerta para nuestra sociedad, para que paremos un poco y veamos a nuestro alrededor, para que seamos conscientes de que en algo estamos fallando, que en mucho estamos fallando. El bullying no cobró la vida de este pequeño, lo hicieron todas las acciones, los silencios y los gritos desesperados que fueron ignorados.


Por: Yennifer Cabezas C. /prensa@representacionesag.org

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