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PATERNIDAD PRESENCIAL. Un dificil reto

Muchos hombres dan la lucha día a día y logran ejercer una paternidad plena, presencial y sumamente responsable

Por: Licda. Eugenia Quesada Montero

Presidente Fundación

Instituto de Apoyo al Hombre FUNDIAPHO


Hoy los hombres intentan con vehemencia, ejercer una paternidad presencial, a pesar de la falta de apoyo del sistema judicial, que no reconoce el derecho natural del padre a compartir con su hijo. El progenitor debe acudir a estrados judiciales a interponer una demanda de régimen de interrelación familiar para ver a sus hijos y aunque solicite un régimen provisional para relacionarse a la brevedad posible, lo usual es que el juez indique que se resolverá esa petición hasta haber sido escuchada la madre. Si ella despotrica en contra del padre y solicita exámenes periciales psicológicos y estudios de trabajo social, el progenitor no podrá ver a su hijo por lo menos antes de un año- muchas veces dos o tres años-.


Pero aún sin que la madre pida ese contingente pericial, el juzgador presume que el papá no es apto para ver a su hijo y en consecuencia no otorga de inmediato ese derecho de relacionarse. En algunas ocasiones, se logra un acuerdo conciliatorio en las audiencias previas y con la sentencia homologatoria termina el proceso, que a ese momento ha demorado por lo menos 4 o 5 meses. Si fracasa la conciliación, el proceso dilata poco más de un año y cuando finalmente se emite sentencia en la que se establece el régimen de visitas, se advierte a los progenitores que se dictó en atención al derecho de la persona menor de edad. No se reconoce el derecho del padre, obviando así la disposición contenida en el numeral 143 del Código de Familia, que establece los derechos, y deberes, que confiere la autoridad parental a ambos progenitores.


Situación con el menor de edad

Bajo esa excesiva separación, el menor cree que su padre lo abandonó y esa cruel idea se constituye en el terreno perfecto para sembrar la alineación parental. Se le habla mal de su papá y cuando finalmente llega el momento en el que pueden relacionarse por disposición judicial, el niño no quiere verlo, pues que cree lo abandonó. Este calvario que enfrentan miles y miles de hombres en nuestro país, puede dilatarse aún más, pues siempre existe la posibilidad irrestricta de que la madre solicite medidas de protección por falsos hechos de violencia doméstica y eso le permite mantener alejado al progenitor un año más.


Visitas al infante

Superada la etapa judicial, muchos padres enfrentan el incumplimiento injustificado del régimen de visitas en el que incurre la madre. Esa conducta encuadra dentro de los delitos de abuso de autoridad parental o desobediencia a la autoridad, pero para que las denuncias tengan viabilidad en sede penal deben haberse cumplido ciertos requisitos de forma que muchas veces los juzgadores olvidan y ello causa la desestimación.


Vemos entonces que desde el momento en el que padre inicia las acciones tendientes a relacionarse con su hijo, enfrenta una desvalorización de su presencia en la vida del menor, que debe rectificarse de inmediato.


La sociedad y el sistema judicial, están en la obligación de reconocer el sublime amor de padre, y la imposibilidad de suplirlo que tiene la madre. Ambos progenitores son importantes. No es posible entonces entender el doble discurso que manejan las instituciones de protección a la mujer y de defensa a su rol tradicional, pues por un lado repudian la maternidad recargada en la que el padre no participa plenamente en la crianza de los hijos, pero por otro lado no se lo permiten por venganza, porque no dan un canon alimentario alto o simplemente porque su actual pareja no quiere que el niño se relacione con su padre.


A pesar de todo lo expuesto, muchos hombres dan la lucha día a día y logran ejercer una paternidad plena, presencial y sumamente responsable. ¡Admirable tenacidad!



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